Los miserables, de Víctor Hugo

Dos semanas. Dos semanas sin publicar T_T Y lo peor es que lo sabía, que esto iba a ser un reto porque a mí me cuesta mucho mantenerme constante. La primera semana se escapó de mi control, porque a parte de vivir sin internet viví también sin calefacción central y sin agua caliente. La última parte fue la peor, creedme. Pero lo malo vino cuando tratando de hacer una entrada distinta, algo especial para disculparme por no haber publicado, ésta no me convenció, y la dejé. Y empecé a procrastinar, que es lo que mejor sé hacer. Y luego vino el segundo problema, que fue que no me convencía ningún libro para leer. Y si no leo, mal voy a reseñar.

Así que he decidido volver. Con un poquito más de ganas. Dicen que lo importante no es caerse, sino levantarse, ¿no? Y yo sabía que de tirón no iba a conseguirlo, así que ¡vamos allá!

Y para compraros la disculpa, os traigo la reseña de uno de los grandes. Y cuando digo grande, me refiero a que tiene dos mil páginas y lo tenía guardado para ocasiones especiales. Llevaba en mi biblioteca años, pero hasta una semana antes de abrir el blog no se me ocurrrió leerlo (o darme un atracón).  Y el elegido es… *Redoble de tambores* Los miserables. A algunos os sonará porque recientemente se estrenó en el cine la versión adaptada del musical, que protagonizaron, entre otros, Hugh Jackman, Russell Crow, Anne Hathaway y Amanda Seyfried.

Antes de leerme la obra de Víctor Hugo, había visto el musical en español, y después la película del musical. Ambas producciones me encandilaron, así que me atreví con los dos tomos que aguardaban en casa a que les quitara el polvo de una vez. Lo único de lo que me arrepiento después de haberlo terminado es de no habérmelo leído antes, pero vayamos por partes.

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Título: Los Miserables
Autor: Víctor Hugo
Editorial: Punto de Lectura
Precio: 19’95€
Traductor: H.G. Simon

Sipnopsis:

“Juan Valjean es condenado a presidio por un pequeño hurto. Cuando logra huir, la cárcel le ha convertido en un ser embrutecido y marginado por la sociedad. Pero la aparición de un buen hombre le hará comprender que puede elegir entre el bien y el mal. Desde ese momento sus actos serán desinteresados y estarán encaminados a ayudar a los demás.

En Los Miserables Victor Hugo describe el mundo de los desheredados en el París de mediados del siglo XIX y retrata magistralmente una época plagada de revueltas y cambios que marcarán el prncipio de una sociedad más justa.”

Opinión personal:

Hay historias que se adaptan mejor al cine que a la novela, al poema que al cuento, al teatro que al ensayo, y que sólo pueden satisfacer la ambición de su autor en un género concreto. Así le ocurre a Los Miserables, que, por muchas adaptaciones que se hagan, ninguna será tan grande como la obra que escribió Víctor Hugo.

La trama que se sucede en este libro comienza con Juan Valjean, un hombre más entre un millón, que verá en la idea de hacer el bien una espiación que supera con creces el pecado cometido: el robo de un poco de pan para su familia. Una vez cumplida su condena, se tendrá que enfrentar a esa sociedad que le margina, le prejuzga, le maldice y le chantajea, pero en ella también encontrará a seres tan fuertes o tan miserables como él que le ayudarán a elegir qué hombre quiere ser.

Podría haber sido una historia de superación personal o de un alma atormentada, pero Los Miserables es algo más que Juan Valjean. El protagonista es un guía en la obra de Víctor Hugo. El autor se sirve de él para describirnos no sólo el París de principios del siglo XIX, sino también la sociedad francesa y europea. No se limita a describirnos el paisaje y las costumbres de las gentes del lugar, sino que lo llena de vida, de historias de huérfanos, prostitutas, estudiantes, soldados retirados, mayordomos, curas, ladrones, y algún que otro millonario. En Los Miserables París es también un personaje más, y la intrahistoria se deja entrever en sus calles, sus parques, sus tabernas, y hasta sus alcantarillas.

Víctor Hugo describe, con todo detalle, un retrato del París de la época. Habla de la Historia de Francia, de la Revolución del 14 de julio, y de las grandes ideas de aquella época. Pero no se contenta sólo con Francia, sino que ahonda en los ideales de la Revolución, y maneja tantas citas, tantos nombres, y tantas ideas que el lector deja de ser un ente pasivo ante la historia que narra y no puede sino reflexionar sobre todo ello.

La prosa de Víctor Hugo es mágica. Frases de páginas enteras se combinan con otras de cuatro palabras. Algunos pasajes se hacen más pesados que otros; otras veces lees doscientas páginas sin haberte dado cuenta siquiera (mi edición tenía unas dos mil páginas). Mientras que el primer tomo tardé diez días en leerlo, el segundo no llegaron a tres y lo devoré.

La psicología de los protagonistas principales, Juan Valjean y Mario Pontmercy, y la de los demás personajes, tanto principales como secundarios, es uno de los puntos fuertes de la novela. La trama es sencilla, pero la obra es ambiciosa porque sus personajes son humanos, creíbles, sólidos y complejos. Víctor Hugo analiza cada pensamiento, sentimiento y acción de sus personajes, y, con ellos, de su sociedad y de la Revolución. La Revolución, no sólo la de 1789 ni la de 1830, comparte protagonismo con París, en un plano diferente al que tiene Juan Valjean y Mario. Mientras estos últimos son la intrahistoria, Francia y la Revolución son la Historia. Su novela se convierte así en una lectura muy actual sobre ciertas ideas por las que se sigue luchando ahora.

Para muestra, un botón, así que, aquí os dejo un párrafo del pasaje en que analiza a las capas sociales del mundo, no desde el punto de vista del dinero, sino del alma:

“El único peligro social es la oscuridad.

Humanidad es identidad. Todos los hombres son del mismo barro. […]La misma sombra antes, la misma carne ahora, igual ceniza después. Pero la ignorancia, mezclada con la pasta humana, la ennegrece. Esta incurable negrura se apodera del interior del hombre y se convierte allí en el mal.”.

Finalmente, me queda hablar de la edición, de la que estoy muy contenta, y puedo decir que fue una buena compra. De hecho, me parece hasta barata, en comparación con otros libros que también me han costado veinte euros y no tienen tal presentación. Esta edición contaba con un estuche de tapas duras, al igual que los dos volúmenes de la obra. La letra no es muy grande pero se lee bien; y por lo que he comentado con algunas personas en mi edición sí estaban todos los nombres traducidos al español. También tiene un prólogo, escrito por Mario Vargas Llosa, donde se explica la vida del autor, y se le humaniza.

Un punto a favor son las notas a pie de página, de las que he aprendido cosas que de otra manera ni se me hubiera ocurrido preguntar, como por ejemplo (y esto me llamó mucho la atención), las distintas opiniones del traductor con Víctor Hugo acerca del origen del caló, la lengua de los miserables. (Repito: el análisis que hace de los miserables de París es tan exhaustivo como brillante, o precisamente es lo uno a causa de lo otro).

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