The Blinding Knife, de Brent Weeks

Objetivo: Leer más a menudo. Conseguido.
Objetivo: Reseñar cada libro que leas y publicarlo en el blog. … Más o menos. … No

Que conste en acta, que leer he seguido leyendo, pero entre mi inconstancia y el hecho de que lo único que hacía al sentarme al ordenador era comerme la cabeza sobre cómo hay que enseñarles literatura a los chavales de 3º y 4º de la ESO lo he ido dejando y dejando. Hasta que me he dado cuenta que como siga acumulando libros por reseñar al final se me van a olvidar. (Y al ritmo que estoy leyendo –YAY por mí, por fin – eso puede pasar en seguida).

En fin, que vuelvo al ruedo con otro libro en inglés.Es el segundo de una tetralogía, pero dado que el primero no lo he tratado aquí, me he limitado a explicaros de qué va el asunto, y a dejar caer ciertas insinuaciones que no son ningún spoiler para ver si os entra el gusanillo. A mí, personalmente, me ha gustado mucho el libro, por lo que no he querido daros ninguna sorpresa amarga, y los únicos detalles que añado del segundo tomo son los correspondientes a la parte más técnica (no me meto mucho en el contenido, vamos).

Lo quequizás sí sería conveniente sería saltaros la sipnopsis que viene a ser lo que aparece en la contraportada del libro, y hace referencias al primer tomo. Pero eso ya, es cada uno.

The-Blinding-Knife

Título: The Blinding Knife // La daga de la ceguera

Autor: Brent Weeks

Editorial: Orbitbooks

Precio: 14’99 libras

Páginas:
571

Sipnopsis:

Gavin Guile is dying.

He’d thought he had five years left –now he has less than one. With fifty thousand refugees, a bastard son and an ex-fiancée who may hae learned his darkest secret, Gavin has problems on every side. All magic in the world is running wild and threatens to destroy the Seven Satrapies. Worst of all, the old gods are being reborn, and their army of colour wights is unstoppable. The only salvation may be the brother whose freedom and life Gavin stole sixteen year ago.

Every light casts a shadow.

Every shadow hides a secret.

Every secret shines a light.

(Traducción de Fantascy)

Gavin Guile pensaba disponer de cinco años más de existencia como Prisma, y ahora resulta que le queda menos de uno. Con cincuenta mil refugiados a su cargo, por no hablar de un hijo ilegítimo que hay que formar en las artes mágicas y una ex novia que bien podría haber descubierto su más oscuro secreto, le llueven los problemas.

De repente, la magia en todo el mundo está fuera de control, y este caos amenaza con acabar con las Siete Satrapías. Peor aún, los dioses antiguos están a punto de renacer, y sus ejércitos parecen imparables. Tal vez el único camino para la salvación sea arrojar luz sobre la mentira que rige la vida de Gavin desde hace dieciséis años.

Opinión personal

No sé si he comentado ya lo poco que me gusta leer (o lo incómodo, más bien) libros de pasta dura. Son bonitos y aguantan mucho más, pero no puedo llevarlos conmigo sin que me clave las esquinas o me pesen un riñón, por lo que al final se quedan en casa y avanzo muy lentamente con ellos. Esto al final me desanima a la hora de leer y me pasa factura con el libro. Menos mal que soy de esas personas que no se olvida fácilmente de lo que lee y es capaz de llevar varios libros al mismo tiempo. ¿Qué quiero decir con esto? Aparte de quejarme, que no tengáis el cuenta el tiempo que llevo con él porque es algo completamente ajeno al libro.

De hecho, me parece un libro muy recomendable. En su día me enamoré del autor, Brent Weeks, con su trilogía El ángel de la noche, cuyo universo y protagonista se movía con las sombras. El portador de la luz, la segunda saga, cuyo segundo libro es el que voy a reseñar, es, en cambio,un mundo de color. En este universo fantástico, la magia surge de los colores y aquellos que son capaces de verlos. Es decir, que algunos nacen con el don de la magia y otros no, aunque no todos la disfrutan por igual. Entre los “dibujantes” (en el libro se llaman drafter, y es su traducción literal) hay algunos que sólo ven un color, otros dos, otros varios, y sólo el Prisma (la figura religiosa y en cierta manera también política más importante de Cromeria -como veis todas las palabras tienen un etimología relacionada-) que ve todo el arcoiris. ¿Y por qué se llaman dibujantes? Porque son capaces de crear todo aquello que quieran, desafiando las leyes de la física, a través de los colores. La capital de Cromeria destaca sobre las demás en tener una arquitectura donde los edificios –hechos a base de magia amarilla, sobre todo –juegan con la luz de manera que en el centro de la ciudad nunca es de noche. De esa forma, el Prisma siempre está a salvo, y todos sus Guardias de negro (Blackguards) pueden proyectar la magia de los colores que deseen.

Y hasta aquí un mundo precioso. Pero la historia nos adentra a una región que aún se lame las heridas abiertas de una guerra civil conocida como la Guerra del Falso Prisma en que dos hermanos se enfrentaron por el poder y el amor. Suena muy típico, pero con el pasar de las páginas y el descubrir de las pequeñas verdades que guardan sus personajes –cada capítulo es una perspectiva distinta de un personaje diferente –, empiezas a darte cuenta que lo épico no ha hecho nada más que empezar. Y es que, durante muchos siglos, a aquellos dibujantes que perdían el control de sus pupilas (literalmente lo llaman “halo broken” pero no sé cómo lo han traducido oficialmente en español) se les mataba, como a los perros de caza que se han hecho mayores; pero ahora mismo, muchos de ellos, la mayoría locos y dementes porque es el efecto secundario de esa rotura, están empezando a formar parte de un ejército de rebeldes que alzan la bandera por aquel Falso Prisma que, murmuran, nunca murió.

Pero no sólo son ellos, también los viejos capitanes de guerra se alistan en las filas de sus enemigos, los piratas empiezan a tener un señor, los esclavos comienzan a rebelarse y aquel Príncipe –que no Prisma –a quien todos creían muerto comienza su cruzada para despertar a los dioses.

Realmente es complicado explicar qué me ha parecido este libro sin mencionar el anterior, ni con el más leve spoiler. Pero he de decir que libro a libro he ido conociendo la prosa de Weeks y viendo su gran mejoría. La daga de la ceguera, ese arma tan buscada en un mundo donde sólo los que pueden ver más allá sobrevivirán, es un libro en el que se puede apreciar cómo el autor ha crecido con respecto a El camino de las sombras. En su historia, más compleja y ambiciosa vemos cómo entrecruza el pasado, con el presente y el futuro, las esperanzas de unos y otros, enfrenta a enemigos y hace que el lector dude sobre quién realmente quiere que gane, porque, en el fondo, sospecha lo mismo que el protagonista, que no habrá ningún ganador.

Pero las batallas que libran y que nos aún nos esperan, los entrenamientos para formar parte de la Guardia, las luchas individuales y colectivas de los esclavos, las tramas palaciegas, los planes de venganza, la huida de esas cárceles de colores, la creación de una religión con sus puntos fuertes y sus grandes fisuras, el descubrir toda la belleza que guarda no sólo Cromeria, sino las siete Satraprías (provincias de la antigua Persia), y la mitología que esconden y respetan, construyen un mundo del que, de la mano de Brent Weeks, es realmente complicado no disfrutar.

En el segundo libro, eso sí, la acción, aunque no decae, sí va más lenta, sobre todo porque los personajes aumentan y con ellos los puntos de vista. Tiene también un algo que me recuerda al Juego de Ender y a El temor de un hombre sabio, pero que os dejo a vosotros adivinar qué es.

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