Don Quijote, parte I de Miguel de Cervantes

Tras una de las mejores vacaciones que recuerdo (hola parque temático de Harry Potter en Florida) y a unas horas de mi clase de El Quijote, en la que empezaremos a comentar la II parte, os traigo, por fin, mi reseña sobre la primera parte. Y es que, contra todo lo que pensaba durante mis años mozos, me ha pasado lo mismo que me dijo mi padre: “te vas a reír y mucho con El Quijote”. Y porras, ha vuelto a tener razón.

Así que, allá vamos.

portada para el blog

Título: El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha. Parte I.
Autor: Miguel de Cervantes (edición de Luis Andrés Murillo)
Editorial: Clásicos Castalia
Precio: $20
Páginas: 608 páginas

Sipnopsis: (creada por mí porque todas las que encuentro hablan de Cervantes y no de la historia en sí)

Durante toda su vida, Alonso Quijada ha leído cuantos libros de caballería han caído en sus manos hasta el punto de acabar convencido de que el universo que presentan es el mundo real. Armado con esas ideas y su escudero Sancho, al que encanta con sus promesas de hacerlo rico, se echa al campo, disfrazado de caballero y bajo el nombre de Don Quijote, a deshacer entuertos y a meter en líos a todo aquel que con él se cruce. En su camino se encontrará con molinos y gigantes, con criminales que confunde con inocentes y con inocentes a los que atacará, pero también con caballeros y damas que harán lo que esté en sus manos para forjarse un futuro feliz a pesar de lo que diga su sociedad.

Opinión personal.

Leyendo entre líneas mi sinopsis, a lo mejor os habéis percatado de una cosita: lo mal que me caen Don Quijote y Sancho. Dicen que en la II parte los adoraré y puede que pase, pero a día de hoy, me caen como una patada en el estómago. Al principio, con Don Quijote confundiendo todo lo que ve con problemas que resolver y personas que salvar, me dio lástima porque lo de las enfermedades mentales no es algo para tomar a broma, pero llegó un momento en que me cansé. Me cansé muy mucho de que Don Quijote respondiera con violencia a todos los problemas en lugar de intentar arreglar las cosas hablando, y que cuando veía que le iba a ir mal en la pelea mandara a Sancho “porque un caballero sólo pelea con caballeros”.

También me escama mucho que a Don Quijote se le tiene como un símbolo de España… y sí, pero de la España más rancia. Me recuerda mucho a Reverte, por ejemplo, con sus tiempos pasados fueron mejores y sus argumentos de varón blanco privilegiado… Y Sancho, bueno ese hombre es un señor cuñado que sólo piensa en hacerse rico sin trabajar y en no medir ni una sola de sus palabras independientemente de si ofende a alguien o no. Sé que los dos evolucionan en la II parte así que me muero por conocer esta evolución, porque lo que es en esta I… Digamos que las tomaduras de Maritornes y cía me han hecho reír mucho porque vaya par de inaguantables.

Ahora, lo más bonito de la I parte de El Quijote son sus personajes femeninos. Vaya colección, vaya retratos, vaya abanico de posibilidades. Te quiero, Cervantes, sal de la tumba y fírmame un autógrafo y, sobre todo, háblame de las mujeres de tu familia porque tiene pinta de que aprendiste mucho de ellas. En fin, al grano, que me emociono. Las historias de las mujeres de El Quijote se cruzan con la del dúo protagonista y tienen su propia voz en el relato, así que las vemos actuar y hablar para poder descubrir exactamente cómo son y cuánto se parecen a los retratos que los hombres de su alrededor han hecho de ellas. Conocemos a la pastora Marcela, que no quiere casarse y quiere vivir su vida independiente; a Dorotea, que se disfrazará de hombre para ir a cazar al don Juan que le prometió casamiento si se acostaba con él y que lo obligará a cumplir su promesa –amó a esta mujer, ¿Vale? Es grandiosa –; a Luscinda, que trampeará la voluntad de sus padres para casarse con quien realmente ella ama; a Zoraida, que se enamorará de un cautivo y reescribirá el mito de Medea con la cabeza fría y sin la misoginia de los griegos; a Camila y a Leonela, que son protagonistas de una auténtica telenovela que me hizo preguntarme porqué no hay una serie de tarde, de las de la hora de la siesta, que esté basada en El Quijote. Y también, por supuesto, a Maritornes, que es un bicho y un cacho de pan, que es dueña y señora de su cuerpo y hace con él lo que le viene en gana.

Sus historias se juntan, además, en la famosa venta de los cueros de vino y vaya culebrón de varios capítulos hasta que los entuertos se deshacen de verdad, pero no por las dotes caballerescas de Don Quijote, sino por el buen hacer de estas mujeres y del cura –que es para Don Quijote lo que Sam para Frodo (sí, Sancho, a ti te estoy llamando Smeagol) –.

¿Conclusión? Es una joya, sí, escrita maravillosamente y con el sarcasmo y la ironía rebosando en cada línea. Es divertida, también, y más realista que romántica. Sin embargo, mi consejo es que no la leáis, sino que la escuchéis. Si sois de los que aguantáis bien la narrativa de otra época, adelante héroes del mundo moderno; pero para los que seáis como yo y a los dos párrafos de “adarga antigua y galgo corredor”, escuchadlo. Tanto si os relajáis como si queréis hacer algo manual mientras, poneos los capítulos como una serie de audiolibro bien larga y dejad que sea la voz del narrador quien os lleve por esos caminos. Os prometo que en la segunda salida os habréis enganchado y os reireis del mote que le pone Sancho del Caballero de la Triste Figura por la somanta de hostias que le meten en cada capítulo.

Los capítulos de audio los tiene mi padre pero he encontrado una página donde podéis descargarlos:  aquí.

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