Literatura feminista a través de “La otra fantasía medieval”: mi experiencia como autora.

Hace tiempo que quería hacer esta entrada y abrir, ya de paso, la parte del blog que va acerca del proceso de escritura en sí mismo. Pero voy a empezar por el principio para aquellos que no sepáis qué es eso de La otra fantasía medieval. Si ya sabes de qué va el asunto, te puedes saltar el párrafo de abajo e ir a descubrir de qué hablo cuando escribo #Cosmogramenia en twitter.

A principios del año académico -que es como yo ubico los años, Nochevieja no me dice gran cosa desde que las navidades se usan para estudiar -se originó en twitter un debate acerca del uso de la violencia misógina como recurso narrativo para hacer el género de la fantasía medieval verosímil. La respuesta feminista fue clara contra eso y podría dedicarme a escribir páginas enteras, pero me quedo con la frase que mejor ilustra lo absurdo del argumento-es-que-tiene-que-ser-realista”: O sea, que como es fantasía medieval, puedes meter dragones pero no puedes dejar de ser machista porque eso no es verosímil. Todo muy lógico, sí. (También podríamos hablar de que la Edad Media es un periodo de mil años cuya representación en la ficción canónica suele ser aparecer a través de Inglaterra y Francia durante la guerra de los Cien años, pero voy a parar aquí porque me conozco cuando me motivo con estos temas).
Planteado el debate, una de las tripulantes de la Nave Invisible, Laura Morán, se decidió a hacer una convocatoria para hacer una antología de relatos de fantasía medieval feminista. Ese era el único requisito y el objetivo, demostrar que sí se podía… Si el autor realmente quería. Más tarde, se planteó que los autores cuyos relatos habían pasado el filtro podíamos contar nuestras peripecias y qué habíamos aprendido durante el proceso del relato y de ahí viene esta entrada: voy a hablaros del relato -sin spoilers, tranquilos – y de su carga feminista.

Zeugmirra actualidad
Ilustración de LOL que sirve como inspiración de la ciudad natal de los protagonistas. 

 

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El guardián invisible, de Dolores Redondo

¡Por fin estoy de vacaciones! Por fin la ruptura de hiatus va a ser del todo efectiva. Y tenía que ser con este primero título de la trilogía de Batzan porque tengo la imperiosa necesidad de seguir leyendo, pero no quiero hacerlo antes de dejar bien atado lo que pienso de él. Así que, vamos allá.

El guardán invisible

Título: El guardián invisible

Autor: Dolores Redondo

Editorial: Destino

Precio: $18 (La trilogía entera)

Páginas: 4877 KB (la trilogía entera)

Formato: Kindle

Sipnopsis 

A orillas del río Baztán la aparición del cadáver de una adolescente obliga a la inspectora de homicidios Amaia Salazar a regresar al valle en el que nació y del que lleva toda su vida huyendo. Este será sólo el principio de una historia apasionante en la que los seres legendarios del Norte conviven con crímenes aterradores.

Opinión personal 

Vayamos primero con un detalle importante cuando hablamos de novelas policíacas. No son mi tipo. Una de mis series favoritas es Fringe, me encanta Bones, Stranger Things me gustó mucho pero en general… no es mi tipo de historias. Con los libros lo llevo aún peor, porque no soporto la tensión de la trama, el no saber y el tener que tirar adelante yo. Así que suelo irme al final, ver quién es el asesino y dejarlo ahí. Así que las recomendaciones policíacas suelen darme una gran pereza. Una vez dicho esto, tengo que añadir algo más: El guardián invisible me ha encantado. 

Puede que una de las razones haya sido que al comprar el Kindle y leerlo en el móvil en dos momentos de puro aburrimiento (lo empecé en un viaje en bus de 11 horas desde Ohio a Michigan) ayudara. Para empezar porque no podía saltarme páginas cuando podía acertar en cualquier capítulo, pero eso nunca me ha importado antes. Podría deciros que es que la historia me atrapó de veras, pero eso no os dice mucho, así que voy a intentar ser más concisa. ¿Por qué me atrapó? ¿Qué supo darme que no vi en otras novelas?

Empezó dándome a una mujer a cargo de un caso importante; en un ambiente cercano, pues el País Vasco está cerquita de Burgos (mi ciudad natal), y, sobre todo, el incentivo de las historias de magia de las que Redondo habló en una entrevista acerca de su libro. Comentaba ella que hubo una generación de españoles que creció sin esos cuentos de brujas y fantasmas que pueblan la cultura de todas las sociedades y me encontré que yo quería descubrir esa historias. Quería que un libro me enseñara esos mundos de folclore mágico español igual que la literatura inglesa había poblado de brujas y demonios mis años más jóvenes. Iba buscando el basajaun, mágico y mítico, mientras Amaia Salazar seguía segura de que aquello sólo podía ser un oso, aunque no tuviera ningún tipo de sentido.

Pero lo que me encontré durante la investigación fue algo más. Fueron varios puntos de vista, muchos POV diseminados en pequeños capítulos de una o dos páginas (Es difícil medir eso en un móvil) donde los personajes secundarios ganaban profundidad sin alterar a la trama. Hallé también el pasado de la inspectora, a través de flasbacks que se alternaban con la historia del presente y que parecían seguir un arco argumental diferente pero se interponían en la línea principal. Y lo hacían con la misma fuerza en la novela que en la cabeza de Amaia, hasta que ella misma decidió enfrentarse a ellos y unir las piezas de su pasado y su presente en un capítulo en que el único sorprendido fue James, el marido de Amaia. No era, aunque parezca contraproducente, el lector porque éste ya había ido uniendo pistas a través de recuerdos, encuentros y comentarios.

Tras esa lucha, el resultado resultaba tan catártico que los siguientes capítulos esperabas que se desarrollaran con tranquilidad, como si al haber ella enfrentado a sus miedos, ya se hubieran solucionada las horribles muertes misóginas de las jóvenes del pueblo. Y en esa tranquilidad engañosa de la vida cotidiana de la novela era cuando los pequeños cabos se van atando, casi sin darse cuenta, y al caer la última pieza, comienza la persecución y lo único que puedes hacer al final es suspirar. Porque no es una historia de policías, víctimas y verdugos; sino la historia de una familia llena de secretos, de buenas intenciones de las que llenan infiernos y odios psicópatas que ni todo el amor del mundo es capaz de curar. Y de fondo, esa figura mítica que vigila en silencio toda la historia, prometiéndote que más adelante, un poco más adelante, va a dejarse conocer.

Espero contaros en breve qué tal evoluciona la segunda parte, pero algo que me ha agradado mucho es que no termina con una promesa argumental para la siguiente novela, sino que cierra bien su arco y lo único que prevalece son las vidas de los personajes y el ambiente mágica que impregnaba la cotidianidad del lugar.