Literatura feminista a través de “La otra fantasía medieval”: mi experiencia como autora.

Hace tiempo que quería hacer esta entrada y abrir, ya de paso, la parte del blog que va acerca del proceso de escritura en sí mismo. Pero voy a empezar por el principio para aquellos que no sepáis qué es eso de La otra fantasía medieval. Si ya sabes de qué va el asunto, te puedes saltar el párrafo de abajo e ir a descubrir de qué hablo cuando escribo #Cosmogramenia en twitter.

A principios del año académico -que es como yo ubico los años, Nochevieja no me dice gran cosa desde que las navidades se usan para estudiar -se originó en twitter un debate acerca del uso de la violencia misógina como recurso narrativo para hacer el género de la fantasía medieval verosímil. La respuesta feminista fue clara contra eso y podría dedicarme a escribir páginas enteras, pero me quedo con la frase que mejor ilustra lo absurdo del argumento-es-que-tiene-que-ser-realista”: O sea, que como es fantasía medieval, puedes meter dragones pero no puedes dejar de ser machista porque eso no es verosímil. Todo muy lógico, sí. (También podríamos hablar de que la Edad Media es un periodo de mil años cuya representación en la ficción canónica suele ser aparecer a través de Inglaterra y Francia durante la guerra de los Cien años, pero voy a parar aquí porque me conozco cuando me motivo con estos temas).
Planteado el debate, una de las tripulantes de la Nave Invisible, Laura Morán, se decidió a hacer una convocatoria para hacer una antología de relatos de fantasía medieval feminista. Ese era el único requisito y el objetivo, demostrar que sí se podía… Si el autor realmente quería. Más tarde, se planteó que los autores cuyos relatos habían pasado el filtro podíamos contar nuestras peripecias y qué habíamos aprendido durante el proceso del relato y de ahí viene esta entrada: voy a hablaros del relato -sin spoilers, tranquilos – y de su carga feminista.

Zeugmirra actualidad
Ilustración de LOL que sirve como inspiración de la ciudad natal de los protagonistas. 

 

Antes de meterme de lleno con el proceso de redacción del relato, quiero señalar que la historia de La batalla de Babilonia forma parte de las leyendas del universo de Cosmogramenia. Este mundo es el protagonista de la novela que estoy escribiendo y cuyo aspecto fantástico consiste en que son las palabras las que crean la magia. No en el sentido más clásico del abracadabra, sino más en “he cogido mis apuntes de lingüística generativa, sociolingüística, psicolingüística, poética y retórica y los he utilizado para hacer las leyes físicas de ese universo”. Eso me ha llevado a investigar sobre las distintas formas culturas que hay en este planeta para comunicarnos y cómo usamos el lenguaje para construir nuestras culturas. A grandes rasgos, hay tres culturas principales -casi tres religiones- que son las que están en guerra constante, que son los Naturalistas (cuyo poder se basa en el principio de nominalización), los Fabulantes (cuyo poder se basa en la elaboración de relatos culturales (sí, Hollywood, me baso en ti con esta gente)) y los Dramáticos (cuyo poder se basa en el culto al individuo cofadjetivocof). Como esta división cultural tiene mucho de crítica social, porque yo no sé escribir otra cosa, las tres civilizaciones actúan diferente en cuanto a su sistema de dominación basado en el género. Con los Naturalistas, invierto todo lo que me cabrea del machismo actual y hago una sociedad hembrista (eso que no existe aquí, pero sí allí); con los Dramáticos, dejo las cosas tal y como están en este mundo nuestro; y con los Fabulantes, me esfuerzo en hacer una sociedad feminista: es decir, donde no existen categorías sociales de género que determinen tu estatus social.

Así que cuando leí la premisa de la antología, decidí centrarme en las leyendas de los Fabulantes. Y escogí La batalla de Babilonia, que es el evento que determina el fin de la Era de la Imaginación en Cosmogramenia y el relato cultural que explica el origen de las lenguas. Tenía más o menos claro los personajes principales, pero estuve dándole vueltas a la voz narradora. Aquí un inciso interesante: una de las cosas que más me gustan a la hora de escribir es darle la vuelta a los roles de género. Yo escribo la historia según me viene y luego cambio los personajes de género. Si no chirrían, es que están bien hechos. Sin embargo, no conseguía escribir desde el punto de vista de la mujer porque tenía demasiadas construcciones masculinas prestablecidas en mi cabeza a la hora de narrar -y aunque he leído mucha fantasía épica, han sido generalmente novelas, así que no tenía tiempo de desarrollar el personaje femenino como me hubiera gustado -. Así que opté por lo que sí controlaba: el personaje-narrador masculino.

Más concretamente… El personaje-narrador-testigo masculino hablando del personaje-protagonista-femenino. O  sea, que me dediqué a contar el papel que Metáfora tuvo, como guerrera y bruja, en la Batalla de Babilonia a través de los ojos de su hermano. E impregné en sus descripciones y percepciones de su hermana toda la admiración y confianza que ella le produce. Después de eso, lo demás fue relativamente fácil. Seguí el consejo mágico de “empieza el cuento lo más cerca posible del final” y por cada personaje masculino que metía, entraba otro femenino para igualar. Eso sí: los dos en la misma posición de poder. Por el Sumo Fabulante Eugenio, maestro de los protagonistas, entraba la Generala Lucinda, que capitaneaba las tropas de Sintalonia (estado-capital del imperio Fabulante). Por los brujos-guerreros Tánatos e Hypnos, que ayudan a Rey (el narrador) a provocar la ofensiva; entran las brujas-guerreras Pyrgiane y Colliade, a hacer exactamente lo mismo porque es un hechizo súper poderoso. Por cada hombre que toma la palabra en el campo de batalla, hay una mujer que es capaz de alzarla sin miedo.

Sin embargo, tras el segundo borrador esto me parecía insuficiente. Llevaba leyendo cosas sobre el tema de género durante dos meses seguidos y empecé a sentir la necesidad de dar cabida a otros personajes, por el sencillo hecho de que ahí fuera existe gente diferente que se merece encontrarse así misma dentro de la ficción. No quería meterme en debate, porque entre otras cosas, al ser un mundo diferente, el funcionamiento de su sistema cultural partía de otros tipos de costumbres así que no tenía ningún sentido plantear su existencia como una lucha humanitaria en un marco cultural que los aceptaba como tal. Una vez visto así, la solución fue fácil: sólo tenía que cambiar el género, de nuevo, a otro personaje. Y el ganador de la búsqueda de identidad para un personaje con disforia de género fue… ¡Rey! Aún así, leyendo sobre la disforia de género, uno encuentra que es el sentimiento de disgusto que siente una persona cuando el sexo biológico y su rol de género no se corresponden en esta sociedad. Como, repito, la sociedad de Cosmogramenia no es la misma que la occidental y no se trataba de centrar la acción y la filosofía del relato en su identidad de género, sino presentarlo como parte de sí mismo y de su identidad personal, vacíe la categoría de “disforia de género” de la carga negativa. Así, hice que la lucha de género que tiene Rey en la cabeza, en la que él se considera un hombre aunque su cuerpo sea idéntico físicamente al de su hermana Metáfora, no determinara su autoridad y su valor personal como mago, guerrero, fabulante, líder, maestro, hermano, hijo, persona(je) y narrador.

 

Y eso es todo. No sé si realmente esto os ayuda un poco para ver el proceso que seguí, porque realmente fue más de documentación, que de aspecto narrativo. Pero bueno, a lo mejor he conseguido meteros el gusanillo de querer leer la historia de Cosmogramenia, y oye, que menos da una piedra. De todos modos, antes de terminar, me gustaría añadir que sin las entradas de Alister Mairon y Cuervo Fúnebre, hubiera sido difícil poner las piedras del Worldbuilding que lleva ese mundo mío. (Bueno, y mi clase de Sociolingüística, pero no estoy muy segura que a mi profesor le agrade que le mencione en algo tan poco “académico”).

Por último, si creéis que necesito saber algo de cara a las siguientes revisiones que probablemente tenga el relato antes de ser publicado, os estaría muy agradecida si me las comentaráis.

 

 

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